LA NATURALEZA GOLPISTA DE LAS OLIGARQUÍAS LATINOAMERICANAS
Albino Vargas Barrantes *
La oligarquía hondureña, vía intervención militar abierta, ha dado un Golpe de Estado que ha depuesto al legítimo presidente constitucional de la hermana República de Honduras, el señor José Manuel Zelaya Rosales. No se anduvieron con paños tibios y mandaron al cajón de la basura, su sistema legal y constitucional, cuando se dieron cuenta de que el mismo se les había convertido en un cuchillo para su propio pescuezo. El Presidente Zelaya cometió el “delito” de sensibilizarse acerca de la espantosa pobreza imperante en su país, precisamente por la codiciosa y desenfrenada voracidad de riqueza de esa oligarquía golpista de toda una vida; oligarquía que, por cierto, tiene en Costa Rica su buena cantidad de amigos y socios de negocios.
Y es que no debemos olvidarnos de que con tal de mantener el poder y su abominable sistema de concentración de riqueza, esas oligarquías son capaces de todo: matar, asesinar, comprar conciencias, corromper sueños y destruir ilusiones; exiliar, torturar, desaparecer y dar golpes de Estado; estafar, alterar mercados, tipos de cambio, etc.; concesionar, privatizar, ofrecer sobornos y dádivas; construir monopolios y oligopolios; manipular opinión pública, engañar, desinformar, excluir sectores, invisibilizar opiniones distintas; hacer juicios sumarios y condenar a priori; mentir descaradamente; arreglan encuestas y suben y bajan figuras según sus intereses de negocios; intoxican con novelas baratas, relajan valores morales y predican el culto al dinero, al consumismo, a la banalidad y a la promiscuidad con la “telebasura”, a fin de adormecer y domeñar la conciencia popular.
Ese tipo de oligarquía la vimos actuar en Costa Rica con ocasión de la lucha contra el TLC: mintió, manipuló, compró votos, repartió comestibles, latas de zinc, sacos de cemento, dinero en efectivo, arregló encuestas, etc.; todo a falta de ideas y ante la pobreza de argumentos. Sus grandes medios de comunicación, insultaron, denegaron derechos de respuesta, calumniaron, difamaron e injuriaron a todos cuantos nos pusimos a “su” TLC. Desdibujaban, escondían, invisibilizaban nuestras marchas y eventos. Ocultaron y/o minimizaron la más grande concentración cívica de la historia nacional, la del domingo 30 de setiembre de 2007. Violentaron sus propias reglas cuando sometieron al otrora sacrosanto tribunal electoral, acabaron con la independencia de poderes según sus parámetros de democracia representativa, llevando, incluso, al tribunal constitucional al peor descrédito de toda su historia.
Esas oligarquías, egoístas y codiciosas son igualititas unas de otras. Ahora están dolidas porque han venido perdiendo hegemonía política en varios países latinoamericanos y las tienen a la defensiva; y en otros, ya tienen debilidades de control para seguir manteniendo su “status quo” de privilegio.
Por eso siguen mintiendo y manipulando con los “grandes” medios de comunicación colectiva que controlan en ámbito nacional y multinacional. Por ejemplo, resultó sumamente indignante ver a la cadena de noticias CNN en Español, hablando de “Honduras: sucesión forzada”, en vez de lo que ha pasado ahí, un verdadero Golpe de Estado en toda la extensión de la palabra y en toda la profundidad del concepto político: perseguidos, detenidos, desaparecidos, exiliados, cierre de medios opositores, persecución, gases lacrimógenos, bala, muertos, etc. No hay otro calificativo para CNN en Español que el de “cadena golpista”.
Igualmente, indigna escuchar, por ejemplo, a Telenoticias de Canal 7, hablando del usurpador del poder en Honduras, nombrándole como “Presidente constitucional”, tal y como lo notamos en la edición matutina de este martes 30 de junio. Doña Pilar, don Ignacio: con todo respeto y en honor a la gran autoridad que la audiencia de este país democrático les ha dado: ¿ustedes creen que el señor Micheletti es el “presidente constitucional” de Honduras?...
Hay algo positivo en todo esto, pese al dolor y a la indignación que causa. La respuesta militarista y golpista de la oligarquía hondureña, es una esclarecedora señal de impotencia, de pobreza intelectual, de pérdida absoluta de valores, de ausencia de toda ética y de inmoralidad política llevada a su máxima y más deplorable expresión. Ellas, las oligarquías latinoamericanas, están desacreditadas y desprestigiadas, pues ya son varias las derrotas estratégicas que vienen sufriendo. Es cuestión de tiempo, como también es cuestión de tiempo para que en Costa Rica su hegemonía política decaiga. Ya hemos estado cerca de lograr tal objetivo. Ya hemos comprobado que es posible. Por ahora, concentrémonos en dar toda nuestra solidaridad al pueblo hondureño y a su legítimo presidente constitucional, el señor José Manuel Zelaya Rosales.
* Secretario General Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)
Ya era hora! Han pasado diez meses desde que el Presidente habló por primera vez de las vacas flacas. Nada se hizo. Este gobierno es el último de América Latina en formular una propuesta frente a la crisis. Todos los demás están aplicado medidas concretas desde hace rato.
¡Me estoy aburriendo de ser humano! A estas alturas de la vida sé tanto ya de lo que mi especie es capaz –miremos no más a su alrededor –, que prefiero migrar a otra cosa que tenga más sentido.
El nuevo estadio de la administración Arias en la Sabana es un monumento a todo lo que no se debe hacer, y sería un recordatorio indeleble de la mala gestión de don Oscar en este gobierno.
El denominado Proyecto para actualizar Jornadas de Trabajo excepcionales y resguardar los derechos de los trabajadores no termina de convencer a quienes en algún momento hemos tenido relación con esa materia. No es porque temamos a la flexibilidad de ciertas condiciones laborales. De hecho, y como me lo recordaba un buen amigo en estos días, posiblemente no haya una rama del derecho más flexible que el Derecho de Trabajo para adaptarse a los cambios que requiere la sociedad en su conjunto. El problema se presenta cuando los movimientos de flexibilidad se dan con ventaja para unos y con evidente desventaja para otros.
El alcohol y las drogas, la temeridad y la imprudencia, la corrupción y la impunidad deben ser expulsadas de nuestras vías, mediante educación, rehabilitación y sanciones pero, en el tanto se usen las leyes para esos fines, en vez de incongruencias, antojos y ambigüedades, esas leyes deben tener textos eficaces y acordes con la vida socioeconómica del país.
Si a usted le dicen que ya “vienen” vacas flacas, no lo crea. Las vacas flacas no “vienen”. Alguien las hace.
Cuando un país elige como ícono suyo a un toro cuyos prodigios e imponencia en el redondel lo deslumbran, es porque algo raro le está ocurriendo como sociedad.
La crisis sacude a Costa Rica. Ante el fracaso del mercado sin controles, una vez más: “ahora, todos somos keynesianos”, y resurge la idea de elevar el gasto público y la intervención estatal para evitar la catástrofe. No obstante, el plan escudo del Gobierno usa pequeñas dádivas sociales para escudar una propuesta basada en ideas económicas fracasadas y en nefastos propósitos sobre los derechos laborales. El mundo va en otra dirección. Angela Merkel, Canciller de Alemania electa por el conservatismo radical, dice que “ahora tendremos que encarar cuestionamientos más fuertes sobre si éste es realmente el sistema económico correcto.” Y Paul Krugman, Premio Nóbel en Economía, aconseja al Presidente Obama que nacionalice la banca.
Don Ricardo Jiménez había logrado acabar con la elección de segundo grado, de manera que en lo sucesivo, si ningún candidato alcanzaba la mayoría absoluta, le tocaría al Congreso elegir el Presidente entre los dos candidatos que hubiesen obtenido mayor número de votos.
El 11 de noviembre de 2008 en un restaurante italiano 14 personas almorzaron plácidamente pagando una suma que habría servido para que 313 personas almorzaran un casado regular de ¢2 mil en cualquier soda.
Vivimos la peor crisis económica y financiera de los últimos ochenta años. Nada menos que ocho décadas. Incluyamos también la profunda crisis moral y ética como compañera de este despeñadero. La crisis ética no es de hoy, porque en Costa Rica vino tomando cuerpo y consolidándose a través de los últimos 35 años. Y cada año con mayor descaro y profundidad.